Una cuestión de amor

La experiencia de una joven enamorada de Cristo.

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Nombre: María de Betania
Lugar: Salamanca, Castilla y León, Spain

30.9.05

La alegría del Señor

Esta noche tengo ganas de compartir la alegría inmensa que siento por todo lo que descubro que el Señor ha puesto en mi vida. Soy feliz, de verdad. Él me llena de paz, tanto en los buenos momentos, como en los malos (que, por tanto, también acaban tornándose felices). Creo que, realmente, nuestra misión como cristianos es repartir a manos llenas este amor que proviene de Él. ¿No dice, acaso, aquello de "amaos los unos a los otros como yo os he amado"? Ese amor de Cristo es lo único que puede darnos la alegría verdadera, ésa que no depende de cómo nos vayan las cosas en un momento dado de nuestras vidas. Por tanto, transmitiendo esa alegría a los hermanos estamos ya haciendo de mensajeros de su Amor. Digamos un rotundo "no" a todo vestigio de una religiosidad truculenta y alienante. Él libera por medio de su misericordia y nos acoge regalándonos su cariño sin límites.

Hoy estoy especialmente entusiasmada con la idea del Carmelo Seglar. Siento unas ganas irresistibles de luchar para que nuestra Tercera Orden pueda llevar la luz de Dios no sólo a las vidas de cada uno de sus miembros, sino a todo corazón necesitado del Señor. Es un servicio a los demás hermanos, a través del cual servimos al mismo Cristo, uniéndonos todos en la alabanza sincera y profunda de su Nombre, imbuidos en su Presencia, sumergidos en la contemplación de lo Sublime y abrasados por la llama de su Amor. ¿No es hermosa esta vocación? No puedo sino dar gracias a mi Salvador por haberme mostrado cuál es mi lugar en su Iglesia. Abrazo sus mandatos con total entrega porque no puedo imaginar nada más bello en este mundo. "El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres" (Salmo 125).

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