Cañadas oscuras
En medio de tantos acontecimientos alegres como llevo viviendo en las últimas semanas, el Señor me ha sorprendido colocándome otra vez en una de sus "noches". Gran parte de mis aprietos se deben a problemas que han surgido en mi trabajo y que no parecen tener solución. La
cuestión afecta a todo el bloque de interinos de mi conservatorio, que está integrado por más de setenta catedráticos, es decir, prácticamente el noventa por ciento de toda la plantilla de profesores de este centro. En virtud de un injustísimo decreto-ley que entrará en vigor el próximo día 24 de este mes, se nos impide tomar parte en las pruebas selectivas de acceso a las plazas que ocupamos ininterrupidamente desde hace varios años (seis en mi caso, pero hasta diecisiete o más en otros). En cuanto se convoque dicho proceso, todos nosotros nos iremos automáticamente a la calle. Es un auténtico atentado contra la calidad del sistema educativo musical en España, ya que se nos excluye automáticamente de la posibilidad de presentarnos a las oposiciones en las cuales se ofertarán aquellos puestos de trabajo a los cuales todos y cada uno de nosotros accedimos en nuestro día, no por proceder de una lista de suspensos, sino por haber ganado una prueba más dura y realista que la inmensa mayoría de las que se realizan en las ofertas de empleo público habituales. Vaya desde aquí mi más enérgica protesta ante la ineptitud de unos cuantos legisladores malintencionados que no hacen sino favorecer la mediocridad más absoluta en todo lo que tocan, cercenando de raíz y con auténtica saña las esperanzas que muchos teníamos de ver una educación musical de nivel europeo en un centro español, el cual, dicho sea de paso y sin ningún ánimo de vanagloria, estaba siendo considerado como el mejor conservatorio superior estatal de nuestro país, gracias a los profesionales que trabajan en él, prácticamente todos ellos músicos en activo y con brillantes carreras en sus correspondientes especialidades. Por cierto, y para los que aún lo ignoren, he de añadir que los centros de enseñanzas artísticas superiores (entre los cuales está el mío) no tienen categoría universitaria, a pesar de que los alumnos salen de ellos con un título equivalente a todos los efectos al de licenciado, sino que están englobados en las esnseñanzas secundarias. Es decir: nos regimos por las mismas normas que un instituto de enseñanzas medias y no por las de la universidad, que es donde en buena lógica deberíamos estar.
Los otros problemillas en el panorama actual de mi vida son de índole personal, y por eso no creo oportuno exponerlos en esta bitácora. Baste afirmar que me causan suficiente desasosiego como para perturbar la deliciosa cotidianeidad en la que habitualmente se deslizan mis jornadas.
Si unimos todos los acontecimientos turbulentos que estoy viviendo, el resultado es que me veo en una encrucijada de caminos, sin saber cuál de ellos tomar. En las circunstancias actuales, de todos modos, no me es posible decantarme por uno en concreto, así que hago lo que el Señor me inspira, que no es sino, una vez más, abandonarme del todo en sus manos y esperar a que su Voluntad se me muestre más claramente. Sé que Él nos habla también en los acontecimientos, y tengo la firme convicción de que en lo que está sucediendo en mi existencia me está llamando con su voz amorosa para que le siga en una dirección que aún no distingo demasiado bien. Me dejo llevar por Él, ya que no deseo otra cosa que el ir a donde me quiera enviar. Soy toda suya, y le pido que quite todo el lastre de mi alma para hacerla ligera como un pajarillo y así poder volar hacia el lugar que Él disponga para mí. ¡Cómo me gustaría dejarme por completo en los brazos de mi Amado y permitirle que el sueño que tiene conmigo se cumpla! Tengo tantas ganas de que mi corazón ya no esté más que en el Suyo, de que todo mi ser se haga uno con Él... Qué dichoso será el día en que eso ocurra, y qué sed tan terrible de nuestro Dios nos atenaza mientras caminamos errantes por la oscuridad. Como dice S. Agustín: "Tú nos has orientado hacia Ti y nuestro corazón no descansa hasta que no encuentra reposo en Ti". Y yo sólo ansío ya reposar en Ti, Amor mío de las alturas.
A pesar del sufrimiento que puedo experimentar, sé que si mi Señor permite que pase por ello, es por mi bien, así que lo acepto, aun en los momentos de mayor dolor y angustia, y se lo ofrezco cada día al acercarme a la mesa del altar, en ese sagrado instante en que Él se encarna en el pan y el vino, viniendo a este mundo para regalarnos el alimento que da la vida eterna. Me siento feliz en las dificultades porque sé que así comparto cruz con el Amor de mi alma, con Aquel que se entregó generosamente por todos nosotros. ¡Qué dulce es el tormento, qué tierno es padecer, si se hace junto a Dios hecho hombre! ¡Cómo se colma de sentido el sufrimiento, que sin Cristo resulta absurdo y causa rechazo! Abro mis brazos, Señor, como tú hiciste en el Calvario, y acojo lo que permitas que venga en la vida, absorta en un hermosísimo sueño de eternidad a tu lado. Te quiero tanto, Rey mío...
"Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo" (Salmo 22).
cuestión afecta a todo el bloque de interinos de mi conservatorio, que está integrado por más de setenta catedráticos, es decir, prácticamente el noventa por ciento de toda la plantilla de profesores de este centro. En virtud de un injustísimo decreto-ley que entrará en vigor el próximo día 24 de este mes, se nos impide tomar parte en las pruebas selectivas de acceso a las plazas que ocupamos ininterrupidamente desde hace varios años (seis en mi caso, pero hasta diecisiete o más en otros). En cuanto se convoque dicho proceso, todos nosotros nos iremos automáticamente a la calle. Es un auténtico atentado contra la calidad del sistema educativo musical en España, ya que se nos excluye automáticamente de la posibilidad de presentarnos a las oposiciones en las cuales se ofertarán aquellos puestos de trabajo a los cuales todos y cada uno de nosotros accedimos en nuestro día, no por proceder de una lista de suspensos, sino por haber ganado una prueba más dura y realista que la inmensa mayoría de las que se realizan en las ofertas de empleo público habituales. Vaya desde aquí mi más enérgica protesta ante la ineptitud de unos cuantos legisladores malintencionados que no hacen sino favorecer la mediocridad más absoluta en todo lo que tocan, cercenando de raíz y con auténtica saña las esperanzas que muchos teníamos de ver una educación musical de nivel europeo en un centro español, el cual, dicho sea de paso y sin ningún ánimo de vanagloria, estaba siendo considerado como el mejor conservatorio superior estatal de nuestro país, gracias a los profesionales que trabajan en él, prácticamente todos ellos músicos en activo y con brillantes carreras en sus correspondientes especialidades. Por cierto, y para los que aún lo ignoren, he de añadir que los centros de enseñanzas artísticas superiores (entre los cuales está el mío) no tienen categoría universitaria, a pesar de que los alumnos salen de ellos con un título equivalente a todos los efectos al de licenciado, sino que están englobados en las esnseñanzas secundarias. Es decir: nos regimos por las mismas normas que un instituto de enseñanzas medias y no por las de la universidad, que es donde en buena lógica deberíamos estar.Los otros problemillas en el panorama actual de mi vida son de índole personal, y por eso no creo oportuno exponerlos en esta bitácora. Baste afirmar que me causan suficiente desasosiego como para perturbar la deliciosa cotidianeidad en la que habitualmente se deslizan mis jornadas.
Si unimos todos los acontecimientos turbulentos que estoy viviendo, el resultado es que me veo en una encrucijada de caminos, sin saber cuál de ellos tomar. En las circunstancias actuales, de todos modos, no me es posible decantarme por uno en concreto, así que hago lo que el Señor me inspira, que no es sino, una vez más, abandonarme del todo en sus manos y esperar a que su Voluntad se me muestre más claramente. Sé que Él nos habla también en los acontecimientos, y tengo la firme convicción de que en lo que está sucediendo en mi existencia me está llamando con su voz amorosa para que le siga en una dirección que aún no distingo demasiado bien. Me dejo llevar por Él, ya que no deseo otra cosa que el ir a donde me quiera enviar. Soy toda suya, y le pido que quite todo el lastre de mi alma para hacerla ligera como un pajarillo y así poder volar hacia el lugar que Él disponga para mí. ¡Cómo me gustaría dejarme por completo en los brazos de mi Amado y permitirle que el sueño que tiene conmigo se cumpla! Tengo tantas ganas de que mi corazón ya no esté más que en el Suyo, de que todo mi ser se haga uno con Él... Qué dichoso será el día en que eso ocurra, y qué sed tan terrible de nuestro Dios nos atenaza mientras caminamos errantes por la oscuridad. Como dice S. Agustín: "Tú nos has orientado hacia Ti y nuestro corazón no descansa hasta que no encuentra reposo en Ti". Y yo sólo ansío ya reposar en Ti, Amor mío de las alturas.
A pesar del sufrimiento que puedo experimentar, sé que si mi Señor permite que pase por ello, es por mi bien, así que lo acepto, aun en los momentos de mayor dolor y angustia, y se lo ofrezco cada día al acercarme a la mesa del altar, en ese sagrado instante en que Él se encarna en el pan y el vino, viniendo a este mundo para regalarnos el alimento que da la vida eterna. Me siento feliz en las dificultades porque sé que así comparto cruz con el Amor de mi alma, con Aquel que se entregó generosamente por todos nosotros. ¡Qué dulce es el tormento, qué tierno es padecer, si se hace junto a Dios hecho hombre! ¡Cómo se colma de sentido el sufrimiento, que sin Cristo resulta absurdo y causa rechazo! Abro mis brazos, Señor, como tú hiciste en el Calvario, y acojo lo que permitas que venga en la vida, absorta en un hermosísimo sueño de eternidad a tu lado. Te quiero tanto, Rey mío...
"Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo" (Salmo 22).




