Un espectáculo admirable
Hace dos noches tuve un sueño que me impresionó tanto, que no puedo sino compartirlo lo antes posible con los lectores de esta bitácora. Fue algo realmente hermoso y me dejó con una alegría interior de la que aún, más de veinticuatro horas después, me estoy alimentando.Soñé que entraba en la iglesia de S. Martín de Tours. Es éste uno de los templos más interesantes y antiguos de Salamanca, y no hace mucho que he empezado a ir por allí de vez en cuando para asistir a la Eucaristía. Según se penetra en el recinto desde el acceso de la Plaza del Corrillo, se tiene a mano izquierda la cabecera del edificio con sus tres ábsides. Uno de ellos, el más septentrional, alberga la capilla del Santísimo, mientras que el del centro aloja el retablo mayor y el altar. Mirando al lado opuesto, es decir, a la parte que se encuentra a la derecha de la puerta a la que me he referido más arriba, se ven el coro, la parte inferior de éste y un espacio que ahora está cerrado y convertido en capilla, pero que en su día desempeñó la función de entrada principal y que aún conserva una portada románica que ha quedado escondida entre unos muros erigidos en el período barroco. Precisamente a este lugar recóndito y oscuro del templo me dirigía yo en mi sueño. Allí veía correr, jugando y riendo, a muchos niños. También había conocidos míos, a quienes podría muy bien calificar de gente sencilla. Varios de ellos me llamaron para que entrara en el espacio de la capilla, y lo hicieron diciéndome: "ven, pasa, que lo que vas a ver es muy hermoso". Entré, pues, en ese cuarto, en el que había imágenes de la Virgen y una mesa con numerosos objetos devocionales (rosarios, estampas y libros de oraciones). Éstos despertaron tanto mi interés, que cogí varios ejemplares y me los guardé en el bolso. Al acabar de echar un vistazo a lo expuesto, me di media vuelta y vi que los niños que correteaban por allí me hacían señas para que los siguiera, cosa que hice. Me llevaron hacia la salida de la parte inferior del coro, es decir, en dirección a la cabecera de la iglesia. Antes de pasar por debajo del gran arco renacentista, levanté la vista hacia el altar, y entonces ocurrió algo completamente inesperado: las pesadas bóvedas grises que coronaban las naves se transformaron en una superficie de un blanco deslumbrante y bellísimo, para poco después desvanecerse y mostrar en su lugar un cielo del azul más intenso que se pueda imaginar. Se respiraba un ambiente de indescriptible felicidad. La parte inferior del templo no había desaparecido, ni tampoco los feligreses que se sentaban en los bancos, pero todo estaba cubierto por ese color celeste que irradiaba alegría y paz. Supe entonces que para disfrutar de semejante visión, no tenía más que entrar una y otra vez en la zona oscura y salir mirando al altar. Y así lo hice. A cada instante, el panorama me parecía más y más sublime, y no me cansaba de saborearlo. Divisé junto a un pilar a alguien que conocía, y le invité a tomar parte en esa experiencia, gritándole: "¡ven, corre! ¡Es un espectáculo admirable! ¡Merece la pena!" Pero él no parecía oírme y, a pesar de mis esfuerzos por atraerlo a donde yo estaba, no vino, así que se quedó sin saber cuál era el secreto que guardaba ese lugar y que la gente sencilla y los niños parecían conocer a la perfección.
El lugar oscuro representa todas las dificultades, sinsabores, pruebas y enfermedades con que nos encontramos en nuestra vida. Entrar allí no tiene nada de particular, y lo único que se percibe es falta de luz y pesadumbre. Una vez dentro, uno halla a su disposición la ayuda de la Virgen y de los santos, a la que puede recurrir, entre otras posibilidades, a través de ciertas prácticas devocionales. Confieso arrepentida que muchas veces dejo a éstas de lado porque me parecen poco interesantes en comparación con otras formas de orar (es decir, por soberbia; ¡ay, cuánto tiene el Señor aún que purificar en mí).La gente sencilla y los niños son los únicos que penetran en la zona oscura y consiguen salir de ella viendo cómo se transfigura el panorama que tienen ante ellos. ¿Quién no recordaría aquí el pasaje del Evangelio en el que Jesús exclama: "Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños" (Mt 11, 25)? ¿O este otro: "quien no reciba el Reino de Dios como un niño no entrará en él" (Mc 10, 14)? No pocas veces, los que hemos tenido la fortuna de recibir una formación intelectual rica tenemos tendencia a menospreciar a los que no han sido favorecidos con esa circunstancia. Aunque sé que esto no está bien y rechazo inmediatamente cualquier pensamiento de esta índole que pueda aparecer en mi mente, mi subconsciente se rebela a menudo y me tienta sugiriéndome estas ideas equivocadas, contra las que lucho sin cesar. Para vencerme, procuro aprender de Teresita de Lisieux y de su gran humildad y sencillez. Leo con frecuencia fragmentos de sus escritos y los voy meditando durante toda la jornada para empaparme de ellos. La sabiduría de esta joven carmelita, inspirada por el Espíritu Santo, es la que deseo obtener. No me llaman la atención las elucubraciones de aquellos teóricos que someten todo al juicio exclusivo de su lógica y no se dejan inundar por ese amor que procede de las entrañas de lo divino. Con esa actitud, lo único que consiguen es desoír la invitación a descubrir el gran secreto de la felicidad verdadera.
La adquisición por parte de las bóvedas de ese color blanco deslumbrante y maravilloso hace clara referencia al esplendor que pudieron contemplar los apóstoles cuando Jesús se transfiguró ante ellos. El que el techo desapareciera poco después para dejar paso a un cielo de azul intensísimo, manteniéndose en la escena la parte baja de la iglesia, representa la vivencia del Paraíso ya en la existencia terrena. ¡Es posible participar de la salvación y de la felicidad de la vida eterna mientras aún estamos en este mundo! Pero no podemos llegar a ello sin más, sino que debemos dirigir nuestra mirada en todo momento hacia lo que sucede en el altar: el sacrificio de Dios hecho hombre que nos ama hasta el extremo y se entrega hasta la muerte por nosotros. Ese lugar del templo está además ligado a la promesa que el Divino Maestro nos hizo antes de partir a su sitio junto al Padre: "Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20), porque verdaderamente se ha quedado aquí en el regalo de la Eucaristía. Por tanto, está claro que la recepción frecuente de este sacramento de amor es fundamental para salvarnos.
La expresión "espectáculo admirable" procede de la primera lectura del pasado miércoles (Ex 3, 1-6. 9-12), en la cual se narra el episodio de Moisés y la zarza ardiente. Se me debió de quedar grabada en el subconsciente cuando la oí. Tiene mucho sentido en el contexto en el que la empleaba al invitar a ese conocido mío a participar de la experiencia, ya que esa aparición del cielo sobre la parte baja de la iglesia se podría considerar prácticamente una teofanía, es decir, una manifestación de Dios a los seres humanos.
El significado de mi sueño, por tanto, es éste: no debemos temer las dificultades de nuestras vidas, sino afrontarlas poniendo nuestros ojos en Cristo, hacia el que nos guían la sencillez y la humildad. Nuestra Madre la Virgen María se halla presente aun en los rincones más oscuros de la existencia para ayudarnos en nuestro caminar, y debemos recurrir a ella de todas las maneras posibles. Si nos pertrechamos con el amor que nos infunde nuestro Señor y que se expande hacia los hermanos, las situaciones duras que atravesemos se transfigurarán y nos llevarán a vivir un auténtico "cielo en la tierra".
"Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo" (Jn 17, 3).
Etiquetas: alegría





2 Comments:
Comprendo perféctamente que hayas tenido esta experiencia personal en este momento de tu vida y me alegro por ello.
Yo también tuve una vez una experiencia espiritual,aunque de otras características,que ha quedado para siempre en mi memoria.No es sólamente el hecho de tenerla,sino la sensación de felicidad y placer que genera,lo cual da consistencia real al hecho vivido.
Te agradezco que la compartas con nosotros y me parece muy acertada tu interpretación.
Gracias,una vez más.
Un abrazo en Cristo.
Hola,
He leido http://maria-de-betania.blogspot.com/2006_02_06_archive.html y me ha gustado.
Me dedico a http://www.misas.org y me gustaría, si es posible, que nos proporcionáses los datos de ese templo (direcc, cod postal, etc) para incluirlo en nuestra base de datos.
Si deseas proporcionarnos información de otros sitios también será bienvenida.
Muchas gracias, chema
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