Tiempos difíciles
Estas últimas semanas no lo he estado pasando muy bien que digamos. La situación en mi centro de trabajo está siendo muy tensa, y me preocupan sinceramente tanto el futuro del conservatorio como la situación de desamparo de unos compañeros a los que les ha tocado este principio de curso ser víctimas de un sistema de gestión obsoleto, injusto e inapropiado para una institución de las características de la nuestra. No voy a entrar en más detalles aquí sobre los problemas que nos acucian, porque eso no interesaría al lector. Lo que he escrito es suficiente para que se comprenda la zozobra que he venido sintiendo desde hace más de un mes y que en ocasiones me ha llegado a parecer imposible de mantener bajo control.A la inquietud por las cuestiones laborales se han unido otras circunstancias privadas desagradables, cuya naturaleza tampoco creo conveniente desvelar en esta bitácora (no es en absoluto relevante para lo que deseo tratar en esta entrada), que me han dejado llena de desaliento al comprobar de una manera descarnada la vaciedad y fugacidad de las relaciones humanas. Una sensación de inmensa soledad, de verme abandonada de los que me rodean y de oscuridad frente al futuro me ha estado asediando sin tregua desde principios de septiembre. Me doy cuenta de que en esta sociedad nuestra nadie tiene tiempo para los demás porque andamos (me incluyo) preocupados en exceso por nuestros propios problemas: prisas, trabajo, dinero, familia... Los lazos de amistad, que tan fuertes parecían en la irreal época de la adolescencia, van deshilachándose ante mi estupefacta mirada. Y no se trata de que los hayan dañado conflictos entre las personas, sino simplemente de que han empezado a ser corroídos por la sigilosa pero implacable carcoma del olvido.
Cuando me encuentro en un estado emocional tan alterado y negativo como el que me ha ido erosionando en estas semanas, sé que lo único que puedo hacer es aferrarme más que nunca al Señor. Cada mañana he acudido sedienta a la fuente de la Eucaristía, acariciando con las manos de la fe al Amado que se me entrega en la quebradiza y diminuta Hostia. Le he pedido incesantemente que disculpe la pobre acogida que le ofrezco y el desorden que impera en en interior de la casa a la que ha venido a alojarse, ya que, aunque hubiese deseado ofrecerle el mejor de los recibimientos, las sacudidas que me ha propinado la vida últimamente no me han dejado arreglar mi morada como hubiese querido. Me sé pobre, indigna, débil... pero no por eso dejo de ponerme cada día en la fila de los comulgantes para unirme a mi Cristo al comer su Carne. Tampoco rehuyo la oración, aunque ésta salga áspera, reseca y desabrida. Oro en el tiempo estipulado, pero también en cualquier otro momento, aunque todo mi rezo se pueda encarnar en un aullido inarticulado que brota y muere en mi corazón. Intento permanecer en el Amor, pero muchas veces no puedo percibir si lo consigo. Vivo esperando que Él me libere de la prueba o que, si no es su Voluntad alejar de mí este cáliz, vaya instilando en mi alma un elixir que me mantenga fuerte para no caer. Soy consciente de que estoy pasando por un proceso de purificación (uno más de los numerosísimos que he de atravesar en mi camino hacia Dios) y, por tanto, levanto mi alma agradecida al Señor porque compruebo que Él está realizando en mí su obra, aunque ello implique dolor y mi naturaleza humana se rebele y trate de zafarse de las dificultades.
Pero no todo son oscuridades y borrascosos desasosiegos: mi Amor de las alturas se asoma de vez en cuando entre las tinieblas y me envía un tímido rayo de luz y calor que me conforta. Hoy he vivido uno de esos momentos: estaba estudiando y ofreciéndole mi música a cada instante a Jesús, cuya imagen en la advocación del Cristo de la Divina Misericordia había colocado en el atril del piano, y hubo un momento en que le rogué que me ayudase porque ya no podía más. Me vino entonces fugazmente a la mente una amiga a la que cada vez aprecio y admiro más por la fortaleza de su fe, y pensé que ella tal vez estuviera dispuesta a acompañarme en medio de tanta tempestad. No habían pasado ni diez minutos, cuando me llega al móvil un mensaje de esta persona diciendo: "me vienes mucho al pensamiento. Quiere algo (se refería a Dios). Rezo por ti. Bendiciones de Jesús y María". Inmediatamente decidí contestar con una llamada. Me contó que había estado acordándose mucho esa tarde de mí y que percibía que estaba viviendo algo muy bueno o muy malo con mucha intensidad, y por eso me había mandado el mensaje, por si necesitaba algo. Me sorprendió tanto escuchar sus palabras, que me emocioné tremendamente. Sé que para muchos lo ocurrido caerá dentro de la categoría de las casualidades, pero para mí ha constituido una experiencia más de ese cariño incondicional e incesante que nos tiene nuestro Señor. Me ha querido mostrar que, aunque la soledad parezca apresarnos y nuestros pensamientos no encuentren sino el eco del vacío, Él está siempre ahí, pendiente de sus criaturas y dispuesto a aligerar el peso de sus cruces cuando éste se hace insoportable.
Hoy he hecho la oración en paz.
"El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan" (Salmo 144).
Etiquetas: Divina Misericordia, oración, purificación





11 Comments:
Sólo decir, GRACIAS. A tí por tus palabras y a Él por todo.
:-)
Contigo...
Hola!
respondiendo tu pregunta del panel del blogger, si no quieres que aparezca tu signo, basta con quitar de tu perfil la fecha de nacimiento..
espero que te sirva.. saludos desde Chile! :)
Hola María.. Me llamo Lázaro, y soy monje-sacerdote. Estuve una vez en el sepucro de mi santo. De alguna manera, Betania nos une, ¿no?
Quiero compartir contigo Marcos 4, 35-41... Es la tempestad calmada... Estaba meditando sobre ello cuando he encontrado tu blog. Y he descubierto que el Señor nos da dos lecciones. La segunda no es la más importante (calmar la tormenta). La primera sí: Saber dormir en medio de la tormenta. Por lo que escribes, creo que es lo que el Señor te está enseñando en este tiempo.
Me encanta tu blog. Me he sentido "en casa" al conocerlo. Voy a poner tu nombre sobre el altar en la Eucaristía diaria. Procuro celebrarla con el asombro eucarístico del corazón de un niño de primera comunión.
Que el Señor te bendiga.
Tu hermano...
Lázaro
Muchas gracias a todos, tanto a los que habéis dejado un comentario aquí como a los que me habéis enviado un correo, por vuestras palabras de cariño y apoyo. Estas experiencias, si se viven en Cristo, son siempre muy valiosas porque nos hacen crecer en el amor a Él. "Dichoso el hombre a quien corrige Dios: él hiere y venda la herida" (Salmo 59).
Un abrazo.
QUERIDA HERMANA:
VAGABUNDEABA EN SEQUÍA Y MIRA POR DONDE ME ENCONTRE CONTIGO. PROBABLEMENTE PARA DESCUBRIR QUE QUIZAS AHORA, NOS QUIERE EL AMADO EN SEQUÍA, O MEJOR DICHO EN UNA NOCHE OSCURA, PARA HACERNOS VER QUE EL SOLO NOS SOSTIENE, QUE EN NUESTRAS DEBILIDADES NOS AMA Y QUE EN SU SILENCIO SONORO NOS PROTEGE. NO TE AGOBIES NI CAIGAS EN LA TENTACION DE APARTARTE DE ÉL, NI AÚN EN LA ASPEREZA DE TUS MOMENTOS DE ORACIÓN, PUES TE GUIARÁ A LA FUENTE DONDE EL AGUA CORRE Y MANA.AUNQUE AHORA LO VEAS DE NOCHE.
En momentos así, es Él quien nos sostiene. Ten ánimo!
http://www.youtube.com/watch?v=QiPzHnMvyG8
Solo una cosa te falta Maria de Betania. Ruega a Dios que por encima de cualquier deseo sea este el primero:
¡¡¡Nunca se aparte de mi Tu Santo Espiritu!!!
Hola.
Hoy me han concedido un premio a mi blog. A mi me ha gustado mucho el tuyo, por eso te he concedido uno a vos. Para levantarlo si queres, lo haces desde el mio : ocdsagronomia.blogspot.com
Un abrazo
Teresa
Hola hermanita...¡Aqui estamos, caminando hacia esa bella Morada que nos tiene preparada el Amado y encontrando el sosten de los hermanitos que ÉL pone en nuestro camino, para que no sea tan duro,. Es tan delicado con sus hijitos!
Estoy feliz de encontrar un rinconcito como el tuyo en donde siento que mi alma encuentra agüita que quita la sed del destierro! Un abrazote en JM+JT
Desde Argentina , Sari de Sta Teresita ocds
Entre la fecha de tu último blog y la recepción de este mensaje, ha sucedido un hecho fundamental en tu vida.
Te felicito de corazón.
La próxima vez que veas a un ciclista, te sonreiré.
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