Getsemaní
Llegó el Jueves Santo. Esta tarde acudiré a la iglesia a celebrar la Cena del Señor, y por la noche espero poder estar en la Hora Santa. Es la primera vez que tengo esta experiencia de acompañar a Jesús en esta jornada en su oración en el huerto de Getsemaní, y no voy a ocultar que ansío que llegue ese momento. Los ratos orantes que he venido llevando a cabo junto al Santísimo en las semanas cuaresmales me han servido de preparación para el de hoy: me he estado colocando en silencio junto a Él, sin pretender más que permanecer a su lado y confortarlo. Pero, ¡ay!, yo también he caído, como los apóstoles, en algún que otro sueñecito descabezado contra mi voluntad. Se ve que "el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil" (Mt 26, 41). De todos modos, el quedarme físicamente dormida en la oración no es algo que me preocupe demasiado, ya que a Teresita de Lisieux le pasaba y eso no fue obstáculo para que llegara a santa (ojalá tuviéramos algo más en común ella y yo). En su libro Historia de un alma escribe: "debería entristecerme por dormirme (¡después de siete años!) en la oración y durante la acción de gracias. Pues bien, no me entristezco... Pienso que los niños agradan tanto a sus padres mientras duermen como cuando están despiertos; pienso que los médicos, para hacer las operaciones, duermen a los enfermos. En una palabra, pienso que «el Señor conoce nuestra masa, se acuerda de que no somos más que polvo»". Y no sólo tengo el ejemplo de la simpática carmelita francesa, sino que observo el comportamiento de los gatos (hace años que estos felinos forman parte de mi vida), y veo que ellos, en cuanto se sienten a gusto y seguros bajo la protección de quien saben que los quiere, se enroscan y se duermen. Algo así nos pasa a muchos cuando estamos en la presencia del Señor: nos acurrucamos en su regazo y, entre caricia y caricia de nuestro Dueño, nos relajamos tanto que nos quedamos traspuestos.Pero hay otro tipo de adormecimiento en el Getsemaní de cada día, y ése sí que me preocupa. No se trata de dejarse vencer por un sueño físico, sino por un sopor espiritual que nos impide estar junto a Jesús en momentos cruciales. ¿Cuántas veces, insensibilizados por el anestésico del bienestar económico, no hemos reparado en que Él estaba a nuestro lado en la figura de los pobres, pidiéndonos a gritos que lo acompañáramos? ¿O cuando, llevados por el láudano del afán productivo, hemos dejado de compartir con Él, aparecido en el amigo o el familiar que necesitaba atención y consuelo, nuestro tiempo repleto de horarios apretadísimos y "estreses" innecesarios? Pienso también en la modorra de la dejadez en diferentes campos: en la exigencia personal en el trabajo (mirada no como un trampolín para el éxito, sino como una manera de rendir mejor en el servicio al Señor y al prójimo), en el cumplimiento del plan de vida cristiano (llámese Regla, Constituciones o cualquier otro conjunto de directrices a los que, como miembros de una Orden o grupo nos hemos adherido) o, incluso, en la búsqueda del rostro de Dios en nuestra oración. Y no puedo olvidar un adormecimiento que, por ser muy frecuente hoy en día entre los católicos, consigue difundir inadvertidamente su veneno: el de no permanecer constantemente velando junto a Cristo en su Cuerpo Místico, es decir, siendo miembros vigilantes de su Iglesia hasta las últimas consecuencias. Propongo que cada uno de nosotros haga en este Jueves Santo un examen sincero de hasta qué punto está integrado en ella o, por el contrario, se fabrica una religión teórica y práctica a su medida, cambiando puntos de la doctrina según a él le convenga más. La "barca de Pedro" atraviesa tiempos difíciles ("recios", que diría Santa Teresa), y nosotros, en lugar de luchar para que los mares procelosos de la sociedad superficial, relativista y agnóstica que nos rodea no engullan la nave, saltamos de ella al primer bamboleo (no sea que nos ahoguemos) o nos escondemos pasivos para no "mojarnos". ¿No será que nos falta fe y que no recordamos que Jesús nos aseguró que estaría con nosotros hasta el fin del mundo? "Todo lo puedo en Aquel que me conforta!" (Flp 4, 13), decía el Apóstol, y nosotros podemos perfectamente aplicarnos la frase: ¡el Salvador nos da la gracia para soportar aun las tempestades más pavorosas que amenacen a su Iglesia!
Unámonos con firme resolución a ese Cristo de Getsemaní y permanezcamos bien despiertos ante las necesidades que nos vaya expresando. Rechacemos el sopor combatiéndolo con la oración, la Eucaristía (y demás sacramentos) y la lectura de la Palabra, y veremos cómo el amor que emana de Dios y que fluye a través de estos cauces nos mantiene vigilantes y fortalecidos hasta el fin de nuestros días.
"Quedaos aquí y velad conmigo" (Mt 26, 38).





6 Comments:
Hola
Volviste a escribir, que lindo. Felices Pascuas y que el Señor que hace nueva todas las cosas te bendiga mucho.
Un abrazo grande y unidas en la oracion, Teresa
Jesús esta con nosotros siempre, despiertos o dormidos, no hay lugar donde pueda esconderme del Señor.
Si Jesús esta en todas partes, siempre con sus brazos abiertos a recibir a quien se le acerque ¿ porque la gente se adormece ?
El problema nos es de Cristo, es del hombre que no quiere aceptar su propia condición.
Porque seguir a Cristo como discípulo implica conocer a Jesús y al conocerlo debemos reconocer que somos tan poca cosa a su lado y que debemos cambiar para asemejarnos a El. Entonces es más facil acomodarse a un "que hacer" y no un "crecer" interior.
Oh ! Jesús, cuanto necesitamos cambiar para ser como Tu.
Es la primera vez que escribo y en esta ocasión quiero decirte solamente que extrañe mucho tus escritos.
Te comparto que sin planearlo Jesus me llevo la noche del Jueves Santo a un pueblito perdido en Mexico, que no conocia y jamas habia estado ahi, acompañe a una amiga a una parroquia y el sacerdote me dijo: ah puedes esperar con el Santisimo, y fue un momento tan especial para mi, hasta media noche estar con él, el hizo la cita, el me llevo y ahi me llamo como a sus amigos: "Quedaos aquí y velad conmigo" (Mt 26, 38).
Dios te bendiga y muchas gracias por lo que nos compartes.
Adriana-México
hola maria de betania:
feliz Pascua de Resurrección! te agradezco una vez más tu generosidad al compartir con nosotros tu experiencia de Dios y de la vida. no sabes cuánto bien me hace el Señor a través de ti. comparto contigo la alegría inconmesurable que encontramos en la adoración de Jesús Hostia. cuando estoy en su presencia le oigo decir las mismas palabras que pronunció en la cruz: TENGO SED. que misterio de amor tan grande que Dios tenga sed de mi siendo tan miserable y pecador.
recibe un abrazo y mi oración ante Jesús Sacramentado
carlos
es la primera vez que paso por acá. me ha gustado mucho, ya volveré por aqui para leer con más calma. Un abrazo.
Que el amor del Señor sea tu escudo y luz hermana..
Un abrazo
Publicar un comentario en la entrada
<< Home